Me gustan los paréntesis. No sólo los escritos, sino los que ocurren como accidentes o imprevistos; los que rompen la rutina sin pedir permiso, y le ponen un poco de vértigo a la vida.
Porque también me gusta el vértigo. No sólo el de andar en un vehículo a altas velocidades, sino el que se siente cuando aparece un paréntesis para ponerle un poco de vértigo a la vida.
Cuántas qué cosquillas que dan los paréntesis.
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