Ella mira. Espera. Lo mira. Lo espera.
Piensa,
medita,
cree.
Todo eso, ella.
También se pregunta con qué saldrá él ahora.
Ella cree y está segura que volverá a escribir sobre los paréntesis, sobre música, sobre Julio o sobre alguna rara noche; -él siempre actúa del mismo modo, porque extraña siempre las mismas cosas, a las mismas personas- sigue pensado.
La hoja en blanco espera a ese lápiz con esas mismas ideas de siempre. Y el lápiz se sabe esperado. Pero también aguarda el movimiento de la mano.
Y la mano se mete en el bolsillo del pantalón, se aburre. Se levanta, y se aleja de la hoja, del lápiz. Y sobre todo. De las ideas.
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