28/1/10

Humo

-¿Todavía me querés?- Preguntó ella. -Si- contestó él muy tímidamente. -Al final, sos el mismo infeliz de siempre-, dijo ella. Y siguió: -te espero en la parada de tu colectivo, te veo llegar. Cuando me doy cuenta que me viste, te miro con desdén, te echo el humo de mi cigarrilo en los ojos y te doy vuelta la cara. Me subo detrás tuyo, me siento junto a vos y te pregunto si todavía me querés. Y tu respuesta es la de un pobre diablo sin dignidad-
Él escuchaba todas las palabras que ella decía con la cabeza gacha. Como cuando su padre lo retaba. Las ideas se le iban amontonando asustadas en un rincón de su cerebro, pero sus pensamientos no eran claros. Tenía la garganta seca, los músculos rígidos, los párpados húmedos. Él levantó la cabeza y se chocó con la mirada (de ella) llena de un odio brillante, y una boca que encendía otro cigarrillo y le echaba otra vez el humo a los ojos.

3 comentarios:

  1. ¿Que no le falten cigarrillos?

    Amigo Lagartitus... ¡Pensé que su existencia había llegado a su fin mucho tiempo atrás! ¡¡Salud!!

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  2. que no le falte a quien hecharle el humo en la cara... tanta maldad será peor que las consecuencias del propio cigarrillo

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