15/2/10

Faro

La playa está vacía. El cielo se muestra de un amenazante gris con algunas pinceladas negras en el horizonte, donde se confunde con el mar revuelto.
Ella mira el faro extrañada y atentamente. Se pregunta si la primera vez que lo vió, algunos años antes, el número de franjas (rojas y blancas) que tenía, no era mayor. Y casi sin querer sueña con la próxima vez que lo verá: ¿tendrá entonces menos franjas que ahora? Estira aun más el pensamiento e imagina que alguna vez el faro llegará a ser de un único color: blanco o rojo.


Intenta visualizar un faro blanco, y enseguida aparece la muerte: la imponente estructura se confundiría con la playa; sería una simple continuación de la arena, un castillo gigante y vacío de vida escupiendo sus últimos destellos de luz, hasta acabar siendo miles de millones de partículas esparcidas por la orilla del mar.
El faro completamente rojo, en cambio, se dibujaría imponente en un cielo oscuro. Pero su color sangre lo haría verse como una gran herida de la playa, y sin querer, otra vez vuelve a pensar en la muerte.

Mira en dirección al mar y ve algunos barcos pegados en el horizonte, como figuritas de papel. Su mirada negra se pierde entre las nubes que alternan diferentes escalas de gris.
En la playa hay una mujer que mira la inmensidad un faro; un faro que mira la inmensidad de un mar; un mar que mira la inmensidad de un universo que mira la pequeñez de una mujer mirando un faro con franjas rojas y blancas.

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