La sensación del agujero en el pecho no es estática, sino que se expande por todos lados: el vacío se siente además en el páncreas (sin que sepa yo exactamente donde está y qué función cumple este órgano).
Los intestinos, la vejiga, el estómago, el esófago y los pulmones tampoco parecen existir. (En este punto me detengo a reflexionar: pienso en los pulmones, esas bolsas que de por sí ya están vacías y entonces la sensación se multiplica y me encuentro ante el vacío de un vacío, lo cual aumenta aun más mi desazón y angustia).
No sólo los órganos están afectados a este extraño mal; también los huesos, músculos, tendones y articulaciones parecen haber desaparecido.
Los ojos son dos finas láminas de papel pintados y agarrados quien sabe cómo a esta piel que extrañamente no cae al suelo como trapo de piso, ante la ausencia de una estructura que la sostenga.
Así anduve hoy, con los ojos pintados y la piel blanda, como un fantasma.
8/2/10
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