Te sientes en peligro y por eso decides huir, aunque crees que estaría bien hacerte un chequeo general. Hace rato que piensas que el cigarrillo te está jodiendo las branquias. De todas formas, esperas que la enfermera se vaya, y tratas de levantarte.
El descanso en una cama te ha hecho bien, y tienes mucha fuerza. Aunque no sabes exactamente donde ir, piensas en la posibilidad de volver al mar. O tal vez antes puedas ir a comprar algunos alfajores para llevarle a Batman, y para quedar bien con la mujer Maravilla. (A Superman más bien le gustan las cosas saladas)
De todos modos, antes de decidir qué hacer, tienes que salir del hospital sin ser visto, lo cual es bastante sencillo en una institución pública en ese extraño país en el que te encuentras.
Te levantas de la cama y te das cuenta que has sido despojado de tu traje de superhéroe; en cambio, tienes un ambo celeste muy monono, que solo te tapa la parte delantera de tu cuerpo. Sacas una sábana, te envuelves en ella y sales al pasillo.
Ahora, más parecido a Gandhi que a Acquaman, comienzas a buscar la salida. Giras a la derecha y bajas unas escaleras. Te cruzas con varias personas que apenas se dan cuenta de tu presencia. Al mirar por la ventana que se encuentra a tu izquierda, ves muy abajo un patio con baldosas marrones y viejas, y algunas plantas secas. Al menos debes bajar unos tres pisos hasta llegar a la salida.
La baranda en la que te vienes apoyando está oxidada en algunas partes, y te cortas la mano. Sería conviente que volvieras y te pusieras la antitetánica. Pero mientras piensas eso, ves la puerta de salida. Te apresuras y la atraviesas. Te sientes libre un segundo, hasta que una cara conocida se te aparece adelante ¡¡Es el vendedor de churros que viste antes de desmayarte en la peatonal!! Te asustas y vuelves a entrar al hospital, pero ves a la enfermera que viene hacia tí con una jeringa del tamaño de una botella de Levité. Comienzas a entender todo. Te han tendido una trampa. Del otro lado, vuelves a ver al supuesto vendedor de churros, que ahora saca un arpón de su carrito, cuando sientes un pinchazo al mismo tiempo en el brazo. La enfermera te ha inyectado algún sonmífero. Entre toda la confusión del momento, lo último que ves, es el arpón entre tus ojos. Es el FIN.
habrá estado parte de nuestro personaje en la lata de atún que almorcé hoy?...
ResponderBorrarUfa! Tenía que morirse? O se habrá apiadado el arponero justo 1mm antes?
ResponderBorrarDebe haber zafado porque esta mañana lo vi en "the big channel" vivito y coleando.
ResponderBorrarSerá el fin? Me niego.
ResponderBorrarMuy bueno, gente.