Es relativamente sencillo escribir sobre las cosas que uno mismo hace o piensa. La indivisible unidad que resultan ser las personas, le otorgan la propiedad de intentar saber y explicar qué cosas le pasan por la cabeza, qué cosas sienten, además de poder describir todas sus acciones.
Pero me gustaría analizar el caso de alguien pretende representar mediante la escritura, acciones ajenas: bastaría ver esas acciones y llevarlas al papel sin más. Si se quisiera además narrar los pensamientos o sentimientos del sujeto que se observa, bastaría entrevistarnos con él o ella.
Hasta el momento (salvo algunas nimiedades objetables), no hay problemas graves. Las complicaciones aparecen cuando el escritor no pretende describir acciones que observa en sujetos “reales”, sino que pretende crear personajes y asignarles tal o cual acción. Pero supongamos que el narrador tiene la capacidad de ver lo que sus creaciones hacen, y vayamos directamente al gran problema: la descripción de los pensamientos y sentimientos de los personajes creados ¿De qué modo logra conocer estos secretos que tantas veces son ajenos incluso a quien los posee?
Así, es fácil ver que, quien escribe ficción en tercera persona ha tener algo de mago o de adivino. Se puede tratar de buscar alguna explicación para responder a la pregunta de cómo hace un escritor para saber los pensamientos o sentimientos de sus personajes. Para esto, se plantean algunas hipótesis.
Hipótesis del creador todopoderoso
El escritor es creador todopoderoso, que dirige y digita cada uno de los pensamientos y acciones de sus personajes.
Hipótesis del diálogo creación- creador
Según esta hipótesis, quien escribe tiene la capacidad de entablar largas e intensas conversaciones con sus creaciones. En estos casos, ellas le contarían sus más profundos secretos.
Hipótesis de la creación como ente autárquico
Los personajes creados cobran vida propia apenas se los ha inventado. Así, ellos mismos hacen lo que se les da la gana, y no es el escritor el que dicta su destino, sino que son ellos quienes dicen lo que el lápiz debe escribir.
Las dos primeras suposiciones quedan descartadas por razones casi obvias. La empiria nos muestra ejemplos en los que los seres creados no sólo no hablarían con su creador, sino que además renegarían de él, como sucede con algunos seres humanos y Dios.
Visto de este modo, tenemos que creer en la última suposición, y resignarnos a que cada ser creado, tenga vida propia y haga de ella lo que le dé la gana. Así, es fácil darse cuenta que no es el escritor el que “inventa” una historia, sino que son los propios personajes (o la misma historia), que inventa lo que realmente quiere ser.
La conclusión: los escritores no existen, y tampoco existe la narración en tercera persona.
4/2/10
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Muy interesante... Cada vez parece que es más difícil escribir. Me vengo a enterar que los personajes tienen vida propia je je.
ResponderBorrarBuena reflexión!
Seguí escribiendo.
Y... Cuando los personaje se apoderan de la lapicera... No hay con qué darles... hacen lo que quieren...
ResponderBorrarGracias por el comment! voy a intentar seguir escribiendo, mal que les pese a muchos... jaja!